
La computación en nube, del inglés “Cloud computing“, es un nuevo modelo de prestación de servicios de negocio y tecnología que permite ofrecer asistencia o servicios de computación a través de Internet, también permite al usuario acceder a un catálogo de servicios estandarizados y responder a las necesidades de su negocio, de forma flexible y adaptativa, en caso de demandas no previsibles o de picos de trabajo, pagando únicamente por el consumo efectuado. Es decir, la computación en nube es un acceso a soluciones tecnológicas para empresas que no cuentan con recursos propios o, directamente, no pueden abordar costes de desarrollo, operación y explotación de un centro de datos propio.
El usuario, de manera individual, se adapta mucho mejor a los cambios que, por ejemplo, una organización, que arrastra una cierta cultura de empresa y, por tanto, una manera de trabaja y una serie de procesos. Poco a poco, desde que Gmail llegó a nuestras vidas, hemos ido adoptando cada vez más servicios que forman parte de nuestro recorrido diario: Spotify, YouTube, Twitter, Facebook, Dropbox, Flickr, etc. Sin embargo, el incidente del lunes de Gmail, en el que se borraron unas 150.000 cuentas, aunque ya solventado, te hace pensar de nuestra dependencia de la nube y, paradójicamente, de las reticencias que tienen las grandes organizaciones a usar este tipo de servicios.
Precisamente, uno de los factores que más preocupan a los responsables de las empresas es la continuidad de su negocio y, aunque está probado que una solución en la nube puede tener una disponibilidad mayor que una solución en autoprestación, el hecho de estar en manos de un tercero sigue sin tranquilizar a las empresas.
Por otro lado, dentro de las empresas existen sectores que son reacios al cambio, de hecho, es normal, porque, por regla general, la gente es reacia a los cambios, pero la adopción de soluciones en la nube, por parte de las empresas, pone en peligro la existencia de los departamentos de IT y, claro está, a nadie le hace gracia que su trabajo penda de un hilo o, en este caso, de una nube.
Entonces, ¿es el fin de los departamentos de IT? Bueno, sí y no. Está claro que la adopción de servicios en la nube va a provocar una disminución, progresiva, de nuestro centro de datos, es decir, que iremos sustituyendo nuestra infraestructura por servicios gestionados por un tercero y, precisamente, esa es la clave del cambio. La evolución pasará por la especialización de nuestro equipo de IT en los servicios adquiridos y en otro tipo de actividades, más que el mantenimiento de una granja de servidores o la gestión de incidencias de manera reactiva.
Está claro que es un modelo de gestión que tiene que afianzarse y que, poco a poco, irá entrando en las empresas; de hecho, muchas empresas utilizan servicios en la nube, aunque en forma de nube privada, desde hace años y ni siquiera lo tenían identificado como tal. Y al igual que los usuarios particulares, de manera gradual, han ido adoptando este tipo de servicios, las empresas y, sobre todo, las áreas de IT tendrán que ir adaptándose a los cambios, al igual que los usuarios.
Los usuarios hemos adoptado, de una manera muy rápida, los servicios en la nube y, en muy poco tiempo, hemos confiado a este tipo de servicios gran cantidad de datos (archivos personales, fotos, documentos, correos electrónicos, etc). Por el contrario, a pesar de las ventajas y el ahorro de costes, las empresas están adoptando el modelo de una manera mucho más tímida, siempre pensando en la auto-prestación de servicios (nube privada) y, en algunos casos, con ciertas reticencias a la hora de cambiar su estructura o sus procesos internos.

El Cloud Computing se encuentra dividido en tres modelos de negocio:
Software-as-a-Service (SaaS): en el que el servicio contratado es una aplicación de uso final (correo electrónico, aplicaciones de escritorio, entornos colaborativos, etc) y que supone un 50% del total de los servicios ubicados en la nube. Los proveedores preferidos, según los participantes en el estudio, son, por orden de preferencia: Microsoft, IBM, Cisco/Webex y Google.
Plataform-as-a-Service (PaaS): en el que el servicio contratado es una arquitectura y servicios sobre los que implantar una aplicación que es gestionada ya por el cliente final (bases de datos, servicios de hosting web, etc). Este modelo permite un rápido despliegue de aplicaciones por lo que está comenzando a ser uno de los servicios más demandados por las empresas a día de hoy. En este caso, según las preferencias de los participantes en el estudio, los proveedores preferidos son: Microsoft, Google y Amazon.
Infraestructure-as-a-Service (IaaS): en el que el servicio contratado es un hardware (real o virtual) y en el que tenemos control absoluto del sistema operativo a usar y las aplicaciones a implantar. Aquí, según el estudio, el mercado está dominado por IBM, Amazon, AT&T, Verizon, EMC y BT.
En conclusión, el cloud computing ha llegado para quedarse. Su implantación y uso en el ámbito empresarial está avanzando a buen ritmo; si bien es cierto que la llegada del cloud no implica la abolición de la gestión clásica de las infraestructuras TIC, ya que las tendencias apuntan a modelos de gestión híbridos entre la nube y el centro de datos propio. Se presenta como una oportunidad para aumentar la competitividad de empresas que no podían desarrollar o mantener sistemas propios de información, a las que la compartición de recursos y la adopción de modelos basados en la adquisición de servicios gestionados, les permitirá un rápido despliegue e implantación de servicios TIC dentro de sus procesos de negocio.
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